lunes, 10 de septiembre de 2012

Amigos.

Ojalá esto fuera más fácil de decir. Es muy típico decir "No sé como empezar". Y sí, no sé como empezar esto, pero tampoco sé como continuarlo, ni acabarlo. Básicamente, no entiendo el por qué del comportamiento de ciertas personas. Puede que esa sea la razón que me haya iniciado a estudiar psicología de manera oculta. A veces llego a pensar que las personas tratan a otras personas de manera distinta sólo por su físico. Me refiero a que conozco personas que a lo mejor no tienen contacto con una persona sólo porque está un poco bizca, o tiene un poco de sobrepeso, o tiene una nariz más grande de lo normal. ¿Esto os parece bien? Porque a mí no. En un sentido tiene un poco de racista este tipo de comportamiento. Es un tipo de rechazo, no al completo, pero es rechazo. ¡Y yo quiero acabar con esto! Es así, no quiero que esto siga. Pero va a seguir.

Ahora desde un punto de vista un poco más personal. Yo, tengo amigos, sí. Pero, ¿cuál es la definición de amigo? ¿Hoy yo por ti y mañana tú por mí? Y qué pasa cuando esto no funciona, ¿eh? ¿Nos seguimos llamando amigos? ¿Vivimos en la falsedad? Nos tratamos bien, pero por dentro nos odiamos. ¿Habría que llamarnos conocidos? ¿Demasiadas preguntas? Ya paro.

Pero es que es así. Muchos de mis amigos en verdad no lo son. Yo sé que cuando me vaya a la Universidad, dentro de seis días, me seguiré comunicando con mis amigos. Sí, mis amigos. Pero esos no son mis amigos de ahora, son una pequeña porción de mis amigos de ahora. Si queréis saber un número: cinco. Nombres no voy a dar, pero va a ser un poco obvio cuando sólo mantenga el contacto con esos cinco. Y ¿les echaré de menos? ¡Pues claro! Pero a esos cinco. No más.

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