Las relaciones son drogas. Esa la más simple explicación de la cosa más compleja que hay. Empiezas a sentirte atraído por una persona al igual que lo sientes por ese primer cigarro. Curiosidad, presión, gusto. Ves que funcionas con esa persona y esa persona ve que funciona contigo, y aquí es donde empieza tu adicción. Te enganchas, dependes de tu droga, la necesitas. Puede que sí, puede esta droga no sea letal y sepa bien para el resto de tu vida, pero lo más probable es que no vaya a durar más de dos meses y acabarás con un mal sabor de boca. Y de cuerpo. Y de mente. Antes de llegar a ese límite, la droga empezará a tener efectos secundarios, pero estás tan enganchado que te es necesaria. Es una dependencia total e inexplicada, pero nos da igual. ¿Acaso los fumadores tienen en cuenta los efectos secundarios cuándo compran un paquete más? No. Sólo cuando su vida está plenamente en juego se plantean una vida libre. Si al empezar una conexión con alguien leyéramos un amar mata, al igual que al sacar el cigarrillo pasaríamos de largo y seguiríamos adelante. Somos felices siendo adictos, somos felices evitando pensar en lo que pueda pasar después. Somos yonkis de personas, pero somos felices.
Acabar con tu adicción cuando es lo más bonito que has visto en tu vida, es algo más difícil de lo que parece. Nunca me imaginé que pudiera haber una droga que fuera tan bonita por dentro y por fuera, sobretodo por fuera. En la vida pensé que dos piezas pudieran encajar mejor que en un puzzle. Y no es por ser cursi ni fardar de pasado, pero creo que en mi vida he visto algo tan bonito. Obviamente es mi punto de vista, pero aún así no tienes ni idea de lo difícil que puede llegar a ser. Y más difícil es cuando tú no te sientes preparado para dejar algo que es tan especial pasar, pero no tienes más remedio que forzarlo tú y retener todo lo que piensas de verdad. Y ahora es cuando me preguntan por qué la dejé tirada; y ellos no tienen ni la más remota idea de lo tirado que puede acabar uno mismo por tener que tomar una decisión en contra de su propia voluntad y, supongo, que la voluntad de ella. Pero bueno, ahora es cuando me toca sentirme mal, odiarme y escuchar Bon Iver. Cuando dejas a un lado tu adicción no siempre lo que sientes es libertad, por mucho que lo digan y te lo repitan. Porque sabes de sobra que yo no soy de los que con una noche están satisfechos, y ya descartan futuros encuentros para siempre. No sé si me entiendes. No me llaman diferente por nada, ¿no? No sé.
Poco en esta vida tengo claro ahora mismo, pero no creo que volviera nunca a engancharme a ti. Pero dudo mucho que en la vida me sienta tan completo.
13 de febrero de 2013
No hay comentarios:
Publicar un comentario