lunes, 6 de mayo de 2013

Lo que yo le pido al amor.

Yo le pedí al amor que se fuera a dar una vuelta. Pero que no tardara, que el sol se pone pronto y empieza a hacer frío. Y ahí es cuándo ella se pone una de mis sudaderas, la más grande. ¿Que le queda como un vestido? Mejor. Luego intenta hacerme reír poniéndose una de mis gorras, pero no me hace gracia. No me hace gracia porque me encanta cómo le queda y no quiero que se la quite nunca. Lo que sí es gracioso es que encima me dice que no quiere que saque la Canon porque sale mal, y quizás me resulte más difícil que un problema de matemáticas explicarle que eso es imposible; en mis ojos y en los de todos. Que no siempre se trata de salir bien en las fotos, lo sé, pero a veces salir mal es una manera de salir bien. ¿O no? Y tú que prefieres salir a comer a un italiano donde te dejas mitad del corazón en la cuenta y no en el sentimiento. Yo, prefiero pedir una pizza, llenar la habitación de mantas y tener la guitarra al lado para cuando terminemos. Que esa es otra, no hay día que no me pidas que te cante una de mis canciones, y aunque resulte raro nunca será una persona pesada. Para pesados ya están los sentimientos, que lo que cuesta cargar con ellos a veces es algo sobrenatural. Y para sobrenatural está su sonrisa. Así que hasta ahí los encabalgamientos. Necesario para mí no es que me pida un beso el primer día, necesario para mí es que sea una persona tan feliz como lo soy yo y que por muy triste que esté sepa levantarme y no sólo hacerme sonreír, pero reír. Necesario que me necesite, que por seguro yo ya lo haré. Tampoco está mal eso de salir a dar paseos en patines, jugar a videojuegos y pintarnos la cara; pero pedir eso ya es demasiado. Yo quiero que confíes en mí en verano,  me des la mano en otoño, y me abraces en el invierno. A la primavera no hace falta pedirle nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario